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Descubren en Teruel el primer diplodocus identificado fuera de Norteamérica
¿Cómo era el mundo en la época de los dinosaurios? No lo sabemos al cien por cien, pero en la primera noticia de hoy vamos a encontrar una pista que nos acerca un poco más a ese conocimiento.
En esta noticia nos quedamos en España, más concretamente en Teruel, una provincia de Aragón. Pero vamos a afinar un poco más la ubicación y nos vamos a un lugar muy específico: al yacimiento de La Tejería, en el municipio de El Castellar. Un yacimiento es un lugar donde se encuentran fósiles o restos arqueológicos. ¿Y qué nos vamos a encontrar allí? Pues un descubrimiento que puede cambiar lo que sabemos de los dinosaurios y de cómo era el mundo cuando habitaban nuestro planeta.
Resulta que los paleontólogos de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis han identificado unos restos que pertenecen a un diplodocus, uno de los dinosaurios más conocidos del mundo. Te digo esto y, si no sabes mucho del tema, como la mayoría de la gente, te quedas igual. Pero la noticia está en que son los primeros restos de este dinosaurio que se identifican fuera de Norteamérica. Si te parece, antes de ver qué supone este hallazgo, vamos a ver exactamente qué han encontrado.
En concreto, han encontrado 14 vértebras de la cola, de la parte media y final, que están excepcionalmente bien conservadas. También han aparecido varios chevrones, que son unos huesos que se unían a la parte inferior de las vértebras. Según los análisis, estos restos tienen unos 150 millones de años. Es decir, son del Jurásico Superior, el final del periodo Jurásico. Los científicos los han clasificado como Diplodocus sp., que es la forma de decir que pertenecen al género Diplodocus, aunque no se ha determinado la especie concreta. ¿Y cómo lo saben? Porque los huesos tienen las características típicas de este dinosaurio. Por ejemplo, unas vértebras alargadas con grandes cavidades neumáticas, es decir, huecos que en vida estaban llenos de aire, o unos chevrones bifurcados, que se dividen en dos.
Ahora sí, ¿qué supone este descubrimiento? Según explica Sergio Sánchez Fenollosa, el primer autor del artículo sobre este descubrimiento, es una de las pruebas más importantes de que hubo un intercambio de animales entre los dos continentes a través del proto-Atlántico, es decir, del océano Atlántico en sus primeras fases. Dicho de otra forma, todo apunta a que en aquella época el Atlántico era mucho más estrecho que hoy y los animales pudieron pasar, de alguna manera, de un continente a otro.
Fíjate que esto refuerza una idea que ya tenían los expertos: que los animales del Jurásico Superior de la península ibérica se parecían mucho a los de la formación Morrison, en Estados Unidos, que es donde se habían encontrado hasta ahora todos los diplodocus. Además, apoya la sospecha de que en Portugal también vivieron saurópodos muy cercanos a este género. Los saurópodos, por si no lo sabías, son esos dinosaurios enormes, herbívoros, con el cuello y la cola muy largos.
Cuando leo noticias así, siempre pienso que el trabajo de los paleontólogos es casi como aquellas búsquedas del tesoro que hacíamos de niños, donde cada pista te iba llevando al tesoro final. Porque cada descubrimiento es una pequeña pieza para armar ese puzzle que es el pasado de la Tierra. No sé a ti, oyente, pero a mí me resulta fascinante.
Los secretos que escondía Buckingham bajo el suelo: el tesoro encontrado durante la reforma del Palacio
Vamos con la segunda noticia del día. Si hay algo que nos iguala a todas las personas, además de la muerte, son las reformas de las casas. Son un auténtico infierno, lo mires como lo mires. Tengas poco dinero o tengas mucho dinero, te ponen la casa patas arriba. Pues de las sorpresas que ha dejado la reforma de una “casa” muy importante vamos a hablar en la segunda noticia de hoy.
En esta ocasión viajamos a Londres, a un lugar que conoce todo el mundo: el Palacio de Buckingham. Como sabes, es la residencia oficial de los reyes británicos desde 1837. El caso es que, a pesar de su grandeza y su esplendor, el palacio tenía problemas serios en sus instalaciones: el cableado eléctrico, las tuberías, la calefacción… Algunos de estos problemas, incluso, suponían un riesgo de incendio para este edificio tan emblemático. Así que en 2017 empezó una gran reforma. Por cierto, por si te interesa comparar presupuestos con tu última reforma, esta tiene un coste de unos 426 millones de euros. Pero ojo, piensa también en el tamaño del edificio y en que las obras duran diez años. Está previsto que terminen en 2027.
La noticia no son las obras en sí, sino que, al hacer la reforma, han ido apareciendo objetos que se habían quedado debajo de los suelos o dentro de los muros. Pero no te creas que son objetos de mucho valor económico. Su valor es otro: nos cuentan cómo era la vida cotidiana en el palacio y cómo vivía la gente que trabajaba allí. Así que nos preguntamos: ¿qué objetos han aparecido?
Pues hay un poco de todo. Han aparecido unos boletos de apuestas de fútbol del año 1957 y una entrada para un torneo de whist, un juego de cartas muy popular en el Reino Unido, organizado por el club social de los trabajadores de la Casa Real hace casi 80 años. También han salido unas botas negras desgastadas con clavos, un paquete vacío de cigarrillos, una botella de agua, una caja descolorida con seis tarjetas de Navidad y una jarra de peltre, que es una mezcla de metales. Y la lista sigue: un trozo de azulejos decorativos de cerámica, un artículo de periódico sobre la banda que acabó en la cárcel por el famoso Gran Robo del Tren de 1963 y hasta un trozo de la cartelera de teatros del West End, que publicó el periódico The Standard en 1889.
Pero el objeto que más ha llamado la atención es un programa mecanografiado, es decir, escrito a máquina. En él aparecen todos los detalles de una recepción para los diplomáticos que ofreció la reina Isabel II en 1977, el año de su Jubileo de Plata, cuando se cumplían 25 años de su reinado. Es muy curioso porque en el documento está marcado hasta el recorrido que haría la reina por el salón de baile: en el sentido de las agujas del reloj. Además, incluye un horario muy medido, los salones donde no se podía fumar e incluso instrucciones para que los ayudantes animaran a los 350 invitados británicos a charlar con los diplomáticos. Lo explica así: “Los invitados británicos serán distribuidos por los salones de Estado, excepto en el Salón de Música y la Galería Oeste, donde se les animará a hablar con los diplomáticos”.
Así que ya ves, oyente: hasta en la casa de los reyes se tiran paredes y aparecen cosas sorprendentes detrás de los muros. Lo que decía al principio es una realidad: las reformas nos igualan a todos.
La historia del hombre que más bares del mundo ha recorrido: 53.000
Llegamos a la última historia de hoy. Te hago una pregunta, oyente: ¿a cuántos bares distintos crees que has ido a lo largo de tu vida? Difícil respuesta, ¿verdad? Pues de alguien que sí los tiene contados vamos a hablar en la última historia de hoy.
Nuestro protagonista es un británico llamado Bruce Masters y tiene 81 años. La noticia es que tiene un récord Guinness y, la verdad, eso de Guinness le va bastante bien a su récord. ¿Por qué? Porque Guinness también es el nombre de una famosa cerveza irlandesa. Pero antes de ver cuál es su récord, vamos a conocerlo un poco más. Bruce trabajó como empleado ferroviario, es decir, en los trenes, pero en 1996 lo jubilaron anticipadamente. Esto le permitió dedicar más tiempo a la afición que le ha dado el récord. Una afición que, por cierto, empezó cuando tenía 15 años.
Ha llegado el momento de saber de qué se trata. ¿Tú qué crees, oyente? Pues su récord es ser la persona que más bares ha visitado en el mundo. Como decíamos, todo comenzó a los 15 años, cuando empezó a ir a bares y a apuntarlos. Pero en un momento dado, en concreto, en 1971 y mientras se tomaba algo en un bar, decidió tomárselo en serio. Y esa misma noche se impuso una serie de reglas. ¿Cuáles son? Lo primero es que no vale solo con entrar en el bar: tiene que pedir una bebida alcohólica, que normalmente es media pinta. Además, tiene que ser un bar donde no esté obligado a comer ni a pagar entrada. Y si el bar cambia de nombre, no cuenta como uno nuevo. Porque esa es la norma básica: los bares no se repiten.
Al principio, como él mismo cuenta, era un pasatiempo, era una simple forma de coleccionar, parecida a la de esas personas a las que les gusta identificar trenes. Pero cuando se acercó a la cifra de 27.000 bares, un amigo le preguntó por qué no lo hacía oficial. Así que se puso en contacto con el Libro Guinness y les mandó sus registros. Ellos los certificaron y, en 1994, entró en el libro de los récords con unos 27.000 bares.
Pero la cifra siguió creciendo porque, como dijimos antes, al jubilarse relativamente joven, se dedicó en cuerpo y alma a esta actividad. De hecho, cada semana visitaba dos ciudades o pueblos diferentes, y así llegaba a sumar unos 1.000 bares al año. Así que nos preguntamos: ¿cuál es la cifra a día de hoy? Pues mira, oyente, la última cifra oficial del Libro Guinness es del año 2014 y está en 46.495 bares. Pero, según sus propias cuentas, ahora ya ha alcanzado los 53.250. ¿Y cuánto le ha costado todo esto, aparte de lo que le ha costado a su hígado, claro? En 2019 calculaba que unas 120.000 libras.
Lo cierto es que su familia, sobre todo sus hijas, le ha pedido que reduzca el ritmo, porque evidentemente no es la afición más sana del mundo. Pero él dice que esto es mucho más que ir de bares: es conocer sitios nuevos, viajar y explorar. Y, en su defensa, hay que decir que en cada bar suele tomar solo media pinta. Aunque visitando 1000 bares al año, eso suma 500 pintas al año, que no es una cifra pequeña tampoco. Pero bueno, para él, lo importante no es la cantidad, sino no repetir nunca, siempre tiene que ser un bar nuevo.
¿A que ahora te parece que has visitado pocos bares en tu vida?
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