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59 especies de primates muestran comportamiento homosexual: «Lo usan para cohesionar el grupo en ambientes difíciles»
¿Hay algo más maravilloso que aprender e ir quitándonos los prejuicios de encima? Precisamente de una idea preconcebida sobre la sexualidad de los animales es de lo que vamos a hablar en la primera noticia de hoy.
Durante mucho tiempo se ha creído que los comportamientos homosexuales entre animales eran una aberración o eran fruto de la inexperiencia o la confusión. Pero la noticia está en que, según un estudio, los comportamientos homosexuales entre primates son más habituales de lo que se creía y en el estudio dan una explicación de por qué surgen en algunos grupos y en otros no. Veamos qué nos dice el estudio.
El estudio del que partimos es uno liderado por el biólogo Vincent Savolainen y publicado en Nature Ecology & Evolution, por si te interesa leerlo en profundidad. El caso es que este biólogo y su equipo han estudiado a 491 especies de primates y han encontrado evidencia de comportamiento homosexual en 59 de ellas. ¿Ejemplos? Las hembras de macaco japonés no quieren que las monten los machos salvo en la época de celo; el resto del tiempo prefieren ser montadas por otras hembras.
La pregunta es: ¿por qué encontramos este tipo de comportamiento en algunas especies y en otras no? Pues bien, este estudio apunta a varias explicaciones.
Una de las razones puede tener que ver con el entorno donde viven, siendo más frecuentes los comportamientos homosexuales en entornos más duros o más exigentes. Como dicen desde el estudio, «las interacciones sexuales entre individuos del mismo sexo podrían funcionar como una herramienta social para reducir tensiones, reforzar vínculos y facilitar la cooperación». Vamos, que estos animales usan el sexo como herramienta para mantener al grupo unido.
Parece ser que el tipo de sociedad en la que están las especies es clave en esto de tener o no comportamientos homosexuales, ya que otra de las claves sacadas en claro en este estudio es que surgen en sociedades complejas. Tal y como dicen desde el estudio, «las sociedades con jerarquías estrictas, grupos numerosos y estructuras sociales complejas, como las de los babuinos, presentan más probabilidad de mostrar este tipo de conductas». Una vez más, el sexo utilizado como herramienta, ya que la tesis que se plantea es que, al ser las relaciones tensas, se usa el sexo para resolver conflictos, gestionar tensiones, hacer alianzas y mantener la estabilidad del grupo.
Otra cosa que se saca en claro de este estudio es que parece ser que los comportamientos homosexuales son más frecuentes en especies de primates que son más longevas, como los chimpancés, o donde el dimorfismo sexual está más marcado, como los gorilas. Esto se refiere a aquellas especies donde la diferencia entre machos y hembras, ya sea en tamaño o apariencia, es más marcada, hay más diferencia.
Fíjate en lo que dicen desde el estudio: «No debemos pensar que existen individuos exclusivamente homosexuales, como ocurre en el ser humano, sino que pueden expresar comportamiento homosexual y heterosexual en diferentes momentos».
Un estudio muy interesante para conocer mejor la sexualidad de estos animales, porque parece ser que es más compleja de lo que creíamos.
La IA permite localizar en EE. UU. una pintura gótica desaparecida en Zamora
Vamos con la segunda historia del día. ¿Te imaginas encontrar una pieza de arte perdida con algo que todos tenemos en nuestros móviles? Pues eso es lo que vamos a ver en nuestra segunda historia de hoy.
El protagonista de esta historia es el historiador de la Fundación Zamorarte, Jaime Gallego, que se propuso encontrar una pintura desaparecida a mediados del siglo XX. La pintura en cuestión es una tabla llamada Procesión al Monte Gargano, de Nicolás Francés, que es de mediados del siglo XV y que durante siglos estuvo expuesta en una iglesia de un pueblo de Zamora. Pertenecía al retablo de la iglesia y, en el año 1957, ante la falta de dinero para mantener los templos, el párroco decidió vender algunas pinturas, entre ellas, esta tabla.
La cuestión es que este historiador inicia una investigación para descubrir el paradero de estas tablas y hace un trabajo para reconstruir cuál fue su recorrido desde el momento en que se vendieron. Lo primero que nos cuenta es que este párroco se deshizo en total de diez tablas.
Sabemos también que, en su momento, el lote se vendió por unas 50.000 o 60.000 pesetas, que al cambio serían unos 300 euros, pero con un valor actual de unos 16.000 euros, y por esta tabla en concreto se pagaron unas 5.000 pesetas, algo así como unos 30 euros de la época. El primer destino de esas tablas fue la capilla de la baronesa Anita Breuille, en Córdoba, y a partir de ahí no se supo nada hasta el año 2013, año en que aparece un artículo donde se indica el paradero de tres de las cuatro tablas: una se exhibía en el Museo de Montserrat, otra en el Museu Nacional d’Art de Catalunya y una tercera en el Museo de Cincinnati, en Estados Unidos.
La pregunta es: ¿dónde está la cuarta? Las investigaciones llevan a este historiador a saber que estuvo a punto de ser vendida en Cincinnati, pero no se sabía nada más; ahí la pista se esfumaba. Pero nuestro historiador estaba decidido a encontrar esta cuarta tabla y se preguntó: ¿cómo puedo continuar la investigación?
Pues mira, oyente, pudo continuarla con lo único que tenía en sus manos: con un negativo en blanco y negro de la obra. Así que decidió usarlo con una IA que todos tenemos en nuestro móvil. ¿Qué usó? Google Lens. ¿Qué resultados obtuvo? Pues la encontró, ya que supo que esta obra se exhibía en el Museo de Springfield, en Massachusetts. Y lo más curioso de todo es que los encargados del museo no sabían cuál era su origen.
Jaime solo pide que en algún momento, aunque sea de manera temporal, se puedan volver a exhibir las cuatro tablas juntas en Villalpando, el pueblo originario, y por supuesto, descubrir qué fue de las otras seis pinturas que se vendieron en ese lote. ¿A que ahora estás deseando hacer una búsqueda de algo en Google Lens? Lo sé, a mí me pasa lo mismo.
Un gato recorre 250 km desde Girona hasta Francia para volver a casa: «Cruzó la frontera y los ríos»
Llegamos a la última historia del día. ¿Cuántas veces vemos en una película una historia y pensamos que es imposible que pase eso en la realidad? Pues en la última noticia de hoy conoceremos una historia que, sin duda, pone de manifiesto aquello de que la realidad a veces supera la ficción.
Vamos a situarnos en la madrugada del 9 de agosto en una estación de servicio en Girona, España. Allí ha parado a repostar una autocaravana en la que van Patrick, su esposa Evelyne, y el gato de ambos, Filou. Esta parada la hacen en el camino de vuelta desde el Delta del Ebro, en España, hasta su casa en la localidad francesa de Olonzac.
Todo sucede con normalidad: repostan gasolina y después siguen su camino. Pero vamos a fijarnos en un detalle: la ventanilla del copiloto está abierta, ventanilla que cierra Patrick al llegar a Francia al darse cuenta de que hacía un poco más de frío.
Después de estar en la carretera un buen rato deciden hacer otra parada y en ese momento se dan cuenta de algo: el gato no está. Lo buscan por todos lados y, de repente, encajan todas las piezas en su mente y se dan cuenta de que solo pudo desaparecer en la única parada que hicieron, en la estación de servicio de España. Habían dejado la ventanilla abierta y seguramente el gato escapó por la ventanilla.
No se lo piensan dos veces y deciden volver a la gasolinera, por lo que recorrieron más de 250 kilómetros buscándolo. Pegaron carteles, preguntaron a los empleados de la gasolinera, pero nada, Filou no aparecía, el gato había desaparecido.
Con todo el dolor de su corazón, tuvieron que abandonar la búsqueda y volver a casa, pero eso sí, hablaron con una empleada de la gasolinera para que los mantuviera informados si aparecía algún gato por allí. Y así, durante varios meses recibieron fotos de todos los gatos que aparecían por allí o en las protectoras locales, pero nada, ninguno era su amado gato.
Damos un salto en el tiempo y nos vamos al 9 de enero de este mismo año. Es el día antes del cumpleaños de su mujer y Patrick va de camino a una protectora para adoptar un gato y así intentar superar la pérdida de Filou. Pero en ese momento Patrick recibe una llamada. ¿Quién lo llamaba? Una mujer que vivía en una localidad muy cerca de la suya, a pocos kilómetros de distancia.
La cuestión es que esta mujer llevaba alimentando a un gato muy delgado desde hacía un mes y decidió llevarlo al veterinario porque el animal estaba enfermo. La sorpresa llegó cuando el microchip reveló la verdadera identidad del animal: era Filou, el gato desaparecido a 250 kilómetros de distancia. Patrick cuenta que salió corriendo y, cuando lo vio, supo que era él, su gato.
El gato supo volver a casa solo. Fue capaz de hacer el camino de vuelta y volver a casa recorriendo 250 kilómetros, cruzó la frontera, ciudades y ríos para volver a casa.
¿Verdad, oyente, que te lo cuentan en una película y no te lo crees? Pues ya ves, una vez más, la realidad supera cualquier guion de Hollywood.