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Apóstatas de lo digital: el difícil deseo de dejar un rato el móvil
No sé si eres consciente de lo dependientes que somos de los dispositivos móviles, pero somos auténticos yonquis de los teléfonos. Y precisamente de la desconexión de ellos es de lo que vamos a hablar en el primer tema de hoy.
Nuestra interacción con los teléfonos móviles se ha vuelto completamente inconsciente, y recurrimos al móvil de manera automática. De hecho, se estima que recurrimos a él unas 150 veces al día, cosa que visto así parece una auténtica barbaridad. Pero piénsalo un segundo y de manera honesta, ¿cuándo fue la última vez que viste una película sin mirar tu móvil en ningún momento?, ¿o estabas esperando a alguien y no sacaste el teléfono para matar el tiempo? Por eso, cada vez hay más personas que se denominan como apóstatas de lo digital. Y yo creo que me encuentro entre ellos.
¿Qué significa esto? Bueno, un apóstata es una persona que abandona una religión. Aquí usamos la palabra de forma un poco creativa para hablar de las personas que deciden dejar de usar tanto el móvil. Estas personas deciden hacer una especie de desintoxicación de los dispositivos móviles, o dicho de manera más simple, intentar depender menos del móvil y no estar siempre pendiente de él. ¿Ejemplos? Eliminar redes sociales o cambiar el diseño del móvil para que sea menos atractivo, por ejemplo, poniendo un tema que oculte los iconos de las aplicaciones y haga cambios en el móvil para que las cosas llamen menos la atención o tengas que hacer varios pasos para abrir una red social.
En mi grupo de amigos ya tengo a varios que se han puesto limitadores de tiempo en las redes sociales, entonces les salta un aviso después de 15 o 30 minutos diarios de uso. En mi caso yo me he borrado todas las aplicaciones de redes sociales, aunque tengo que reconocer que todavía me distraigo bastante con el móvil.
Algo interesante que cuenta una experta es que se puede asegurar que los móviles han modificado nuestro tiempo libre. Es decir, en cierta manera se han cargado nuestro tiempo libre. Ahora, si tenemos un rato libre, muchas veces acabamos cogiendo el móvil y pasando un buen rato ahí, y aquí por “pasar un buen rato” entendemos pasar un rato largo. Así lo explica ella: “Si desbloqueas el teléfono un montón de veces al día y te quedas pensando ‘¿qué era lo que estaba haciendo yo?’, es porque el desbloqueo lo has interiorizado. Ves el teléfono y tus manos se mueven por instinto, de manera totalmente pavloviana. Esto es porque está diseñado para que funcione así”.
La cuestión es si dedicamos ese rato a ver el móvil porque realmente es lo que queremos hacer en ese momento, o es porque el móvil y las redes sociales se han vuelto muy sofisticadas y son capaces de engancharnos y retenernos. ¿Tomamos la decisión de manera plenamente consciente y libre, o somos como marineros oyendo los cantos de las sirenas y saltando al mar? Esa es la cuestión.
Dicen los expertos que hay que hacer una conciencia social, para que como sociedad seamos conscientes de esa adicción total y que a nivel individual se puede empezar por controlar las horas de uso, por ejemplo. Estamos perdiendo la capacidad para estar con nosotros mismos, en silencio o reflexionando.
En esto de ser apóstata de lo digital o hacer una desintoxicación digital hay que tener en cuenta una cosa: es algo bueno y beneficioso a largo plazo, pero no todo el mundo puede o debe hacerlo. ¿Por qué? Porque en ciertas ocasiones, para algunas personas, el móvil sí es una herramienta útil y necesaria.
Como en todo, no hay una recomendación general que funcione para todo el mundo, a veces hay excepciones. Hay gente que por su trabajo no se lo puede permitir o que tienen gente a su cargo. También estamos en una sociedad donde para mucha gente las redes sociales significan visibilidad, creación de redes de apoyo y defender sus derechos. Este puede ser el caso de personas con cargas familiares, personas migrantes o minorías que encuentran en el móvil una red de soporte crucial. Para ellos desconexión es igual a aislamiento.
Está claro que es un tema complejo, pero sigo anclado en el principio de la noticia. ¿Somos de verdad conscientes de la enorme barbaridad que es sacar del bolsillo el móvil 150 veces al día? A mí a veces me dan ganas de coger el móvil y tirarlo por la ventana, pero luego veo el lanzamiento del iphone de este año y acaba llegando un repartidor a mi casa con un paquete con mi nueva droga digital.
Los arqueólogos descubren túneles secretos hacia una tumba clave gracias a los bocetos de Leonardo da Vinci
Vamos con la segunda noticia del día. ¿No te resulta fascinante cómo hay personajes del pasado que siguen dando noticias hoy día? De uno de ellos y de un descubrimiento que se ha hecho gracias a él es lo que hablamos en la segunda noticia de hoy.
Para la noticia de hoy vamos a viajar a la bella Italia y más concretamente a la ciudad de Milán. Una vez allí nos vamos a ir al Castillo Sforza de Milán, donde se ha hecho un descubrimiento gracias a Leonardo da Vinci. Sí, un descubrimiento gracias a él cuando lleva muerto más de quinientos años. Así de alargada es su estela.
¿Qué se ha descubierto? Para saber qué se ha descubierto veamos primero la relación de Leonardo con este castillo. Resulta que en su momento, Leonardo fue contratado para decorar varias salas del palacio, que por aquel entonces era sede del poder de la ciudad. Pero ya sabemos que las inquietudes de Leonardo eran muchas y no se limitó a esto. Sino que además diseñó para dicho palacio una serie de túneles, rutas de escape y sistemas de defensa que podían servir tanto para defensa del palacio en caso de ataque como para poder moverse sin ser visto. La cuestión es que todo esto lo diseñó Leonardo y esos bocetos se encuentran en un museo de Londres.
Lo que nos importa para el descubrimiento del que hablamos hoy, es que hasta ahora se pensaba que era solo un proyecto, es decir, él había diseñado esos túneles en unos bocetos, pero nunca los habían construido. Pero la noticia está en que, gracias a un equipo del Politécnico de Milán y la empresa Codevintec, ahora se ha descubierto que esos bocetos sí se llevaron a cabo. Han investigado si existe ese sistema de pasadizos subterráneos usando herramientas como técnicas de georradar y escaneo láser. Y sí, se ha descubierto que existen los túneles.
Pero lo más interesante es que parece que este sistema es mucho más amplio de lo que podía parecer en un primer momento y que los fines son más variados de lo que se creía. Algunos túneles sí tenían un fin estratégico o militar por llamarlo de alguna manera, pero otros túneles tenían fines más privados. Por ejemplo, parece ser que existe un pasadizo que une directamente el castillo con la iglesia de Santa Maria delle Grazie, que es donde está tanto La Última Cena, de Leonardo, y también el panteón familiar de los Sforza.
Por ahora no se van a abrir al público, pero sí piensan seguir investigándolos porque seguramente desvelen secretos que todavía guarda esta maravilla del Renacimiento. Ojalá algún día se puedan visitar y sentir en la propia piel lo que debieron de sentir esas personas cuando atravesaban la ciudad bajo tierra para no ser vistos.
La mayoría subestima el reciclaje y luego está el hombre que construye una isla con 150.000 botellas de plástico
Llegamos a la última historia del día. La mayoría de las cosas en esta vida se pueden hacer de forma simple, sencilla, o se pueden llevar a otro nivel. Y de alguien que llevó las cosas a otro nivel es de lo que vamos a hablar en la última noticia de hoy.
En esta noticia vamos a conocer a un hombre británico llamado Richard Sowa que podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que su compromiso con el reciclaje va más allá de depositar cada residuo en su contenedor correspondiente. Este hombre, que es carpintero, decidió construir cosas con material reciclado. Pero llegó un momento que pensó que todavía podía ir más allá, y se propuso reunir botellas de plástico para llevar a cabo un proyecto bastante ambicioso. ¿Qué proyecto era ese? Construir una isla a base de botellas de plástico y vivir en ella.
Su primer intento fue en el año 1998, momento en que metió las botellas en bolsas y las cubrió de tierra y madera. Pero lamentablemente un huracán la destrozó en el año 2005. Aun así, Richard no se iba a dar por vencido, y empezó a construirla otra vez en el 2010, y en esta ocasión utilizó para la base 150.000 botellas de plástico. Madre mía, me cuesta a mí encontrar sitio para tirar 5 botellas de plástico en mi casa, no me imagino dónde poder guardar esa cantidad.
¿Cómo es esta isla y cómo se mantiene en pie? Pues parece ser que es sorprendentemente estable porque las bolsas con las botellas de plástico se han fusionado con las plantas marinas y eso hace que la estructura se mantenga estable. Sobre la superficie de la isla ha esparcido arena y ha plantado distintas especies, que por cierto le dan frutos comestibles. Eso sí, no se cómo será el tema de los microplásticos en su isla, pero bueno, esa es otra historia. Hay una casa de dos plantas sostenible que tiene un baño con un sistema de compostaje y la ducha se suministra con tanques de agua de lluvia.
Por si te interesa, esta isla se puede visitar, ya que Richard hace visitas guiadas para sacarse un dinerillo extra. Pero aunque Richard es británico, la isla está un poco lejos de su tierra natal. La isla está en el Caribe mexicano, más concretamente frente a las costas de Isla Mujeres. No sé a ti, pero a mí ir al Caribe mexicano no me parece mala idea.
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